martes, 19 de junio de 2012

Lo sé.


Sé que peco de ingenua, que confío demasiado pronto en la gente, pero por fin, después de tropecientosmil palos, me he dado cuenta de que no merece la pena luchar por lo que tarde o temprano se va a ir y he empezado a luchar por lo que realmente importa: TÚ. Ya no me importa el resto, la gente, ¿qué más da que piensen lo que quieran pensar? Sigue siendo mi vida, y sigo haciendo con ella lo que me parece mejor para mi bien. ¿Y si para mi bien te necesito a ti? ¿Por qué tengo que perder yo siempre? ¿Por qué no se dan cuenta de que así no van a llegar a ningún lado? Que sí, que ya sé que les parece demasiado divertido hablar a las espaldas y que los rumores lleguen hasta donde les alcance la lengua, pero aún así... ¿Por qué no se dan cuenta del daño que hacen?
Esta vez no quiero ser yo quien pierda, más que nada porque si pierdo yo esta vez no me podré volver a levantar.

Nada...


todo mi significado es eso, NADA. ¿Qué es NADA? NADA es todo mi “yo”, todo lo que escondo y lo que saco a la luz, todo lo que me eleva o me aplasta contra el suelo, todo lo que viví, todo lo que sentí y experimenté, todo lo que vive dentro de mí, el aire que respiro, la luz, la paz, la espiral que me embucla, lo que me hipnotiza...

NADA es TODO. Y quiero que siga siendo así.

viernes, 25 de mayo de 2012

Atrévete...


a mandarme otra mirada así, larga, intensa, y te hago volar, pero sin elevarte.

lunes, 23 de abril de 2012

Turnedo.



Desde aquí, desde mi casa, veo la playa vacía, ya lo estaba hace unos días, ahora está llena de lluvia y tú ahí sigues sin paraguas, sin tu ropa, paseando, como una tarde de julio, pero con frío y tronando. ¿Se puede saber qué esperas? ¿que te mire y que te seque? ¿que te vea y que me quede tomando la Luna juntos? La Luna, tú y yo expectantes a que pase algún cometa o baje un platillo volante. Y la playa llora y llora y desde mi casa grito que aunque pienso en abrazarte, que aunque pienso en ir contigo, el doctor me recomienda que no me quite mi abrigo, que no esté ya más contigo, y yo no puedo negarme, pues el tipo soy yo mismo, estudié mientras dormías, y aún repaso las lecciones, una a una, cada día. Yo no puedo aconsejarte, ya es muy duro lo que llevo, dejemos que corra el aire y digámonos adiós, aunque siga suspirando por algo que no era cierto, me lo dicen en los bares: ‘es algo que llevas dentro’, que no dejas que te quieran, solo quieres que te abracen, y publicas que no tuve ni el valor para quedarme. Yo rompí todas tus fotos, tú no dejas de llamarme, ¿quién no tiene valor para marcharse? ¿quién no tiene valor para marcharse? ¿quién no tiene el valor para marcharse? ¿quién prefiere quedarse y aguantar? Marcharse y aguantar.

La marea.



La marea me dejó arenas de plata, que pondré en el reloj del tiempo que no pasa. La marea me dejó islas inundadas, donde atrapar con mi red una historia de piratas. La marea me dejó la piel cuarteada, la miel en los labios, las piernas enterradas. La marea me dejó la piel cuarteada, la miel en los labios, las piernas enterradas. La marea me dejó palomas de un barco, algas tejidas en forma de desengaño. La marea me dejó unas conchas sin nombre, con que el niño hace un collar de un alfabeto que no entiende el hombre. La marea me dejó la piel cuarteada, la miel en los labios, las piernas enterradas. La marea me dejó la piel cuarteada, la miel en los labios, las piernas enterradas. La marea me dejó cangrejos alados, burbujas de hielo y un libro en blanco. La marea me dejó los versos borrados, la tinta, un borrón, un papel mojado. La marea me dejó la piel cuarteada, la miel en los labios, las piernas enterradas. La marea me dejó la piel cuarteada, la miel en los labios, las piernas enterradas.