lunes, 12 de agosto de 2013

La mujer más hermosa del mundo.

Elevada e indestructible en el centro, mientras las horas pasan, en ese lugar en el que un gallego no debe trasnochar por bulerías. Y ella, con su fuerza incansable. Tan guapa que ni las sirenas se atreven a seducirla. Años buscándola y nunca la encontré, tan sólo en el mar del abrazo flamenco choqué con ella sin tocarla. La besé sin rozarla. La amé sin conocerla.
Diez de abril, cambio de vida.
Y es que resulta que la mujer más hermosa del mundo ahora baila flamenco.


viernes, 12 de abril de 2013

Eras.


Eras tanto y a la vez tan poco. Aún me pregunto por qué se me dio por seguir tus juegos, dejar que jugaras con mis labios (y con mi corazón, de paso), dejar que me movieras a tu antojo. Porque, para qué negarlo, eras marea para mí, y yo era un velero sin timón. Y aún sigo escribiéndote a ti. Sólo a ti. Aunque no quiera, cuando me pongo frente al ordenador, sólo me sale el dolor que tú me causaste. Por un momento creí olvidarte, creí que podría cambiar tu recuerdo, que podría dejar de pensar en nuestros buenos momentos, que podría dejar de echarte de menos, pero no. Sigues latiendo en mí. Por mucho que no quiera, que no quieras, que el mundo no quiera, que mi corazón no quiera, que tu novia no quiera, seguirás siendo continuo, seguirás siendo latido. Seguirás siendo tú.