Sé
que no debería, pero te quiero. Te odio y te quiero. A la vez. Odio
cuando ríes soltando el aire por la nariz, porque cada vez que otra
persona lo hace me acuerdo de ti. Odio las noches porque me
prometiste que pasarías una en mi cama. Odio mi lunar en la espalda
porque es gemelo del tuyo. Odio los besos porque no puedo evitar
pensar que sigues siendo tú. Odio al Sol porque no se extinguió.
Odio la playa porque una vez me inundaste de arena. Odio que cierres
los ojos cuando me acerco a tu cuello. Odio que aunque lo esté
pasando mal me hagas reír. Odio que me digas que me quieres. Odio no
poder enfadarme contigo. Odio tu olor porque lo encuentro en todas
partes y suele quedarse impregnado en mí. Nadie me saluda como tú
lo haces. Nadie fue capaz de incendiarme como lo haces tú. Nadie se
lanzó conmigo hacia el Universo y volvió a caer unas horas después.
Allí, en esa calle. Nadie se ha turnado conmigo para dormir. Nadie
se fugó conmigo del tiempo. Nadie se pasó las noches hablando
conmigo. Nadie me hizo sentir como tú lo hiciste. Nadie se confesó
culpable de hacer que mi pena se muriera de risa. Y sí, te quiero.
Te quiero por tu manera de reírte. Por las noches que pasaste
incendiándome hasta que me temblaran las piernas. Por tu lunar en la
espalda. Porque sólo tú conseguiste que tus besos llegaran más
allá de los labios. Por hacer que no se extinguiera el Sol. Por
hacer que la playa fuera nuestra. Por cerrar los ojos cuando juego
con tu cuello. Por tejerme sonrisas a medida. Por seguir discutiendo
conmigo por quien quiere más. Por no permitirme que me enfade
contigo. Por tu olor, mi oxígeno. Porque ahora sólo puedo mirarte a
ti a los ojos sin sentirme incómoda. Por conseguir que sigan
llamándome Octubre. ¿De qué me sirve todo lo que pasó? ¿De qué
sirve que siga pensando en ti? ¿Por qué te rendiste? ¿Por qué
huiste? Se nos cayó el frasco. Pero sigue siendo demasiado duro
verte como un recuerdo. Y no me ayudas. Vuelves algunas veces.
Vuelves con las mismas cosas que hace un tiempo, y lo peor es que te
sigue funcionando. Vuelve tu intensa mirada. Vuelve tu recuerdo.
Vuelve el lugar. Vuelve el odio hacia tu lunar, tus labios, tu fuego
y el Sol. El odio intoxicado y demacrado. Y llegará algún día que
logre olvidarme de ti (qué mal miento). Lo intenté, pero no sé. No
puedo soltarme de tu olor, de tu pelo, de tus ojos, de tu luz y de tu
rareza. No hay más. Vacío. Porque te lo llevaste todo después de
ese último error. Porque lloré después. Porque siempre sabré que
fue el último. Y no hay más. Porque ahora evitaré tu mirada, para
no sentirme impotente. Porque ahora nadie volverá a morderme los
labios. Porque no volveré a una playa, ni a esa calle. Porque el
silencio se apoderará de mi interior de nuevo, y volverá Soledad.
Porque evitaré la madrugada del miércoles. Porque me cuesta querer
a otro. No puedo. No sé. Y lo noto. Huelo. Que tu Sol sigue siendo
mi luz, que tus palabras siguen siendo demasiado poderosas. Siguen
sabiendo a ti. Sabes a ti. Conozco tu manera de mentir, y es la única
que me encanta. Eres el único. Y no puedo evitarlo. Sigues siendo
tú. Aunque duela. Me duele. Me dueles. Pero algún día, dije en mi
extrema ingenuidad, volverás. No creo. No sé. No vuelves. Ya no. Te
sigo viendo en cada farola, en cada risa, en cada rincón y en cada
locura. Pero ya no importa. Ya no importo. Lárgate. Pero hazlo ya,
porque no puedo pasar un segundo más contigo sin contener estas
ganas que tengo de lanzarte al suelo e incendiarte una vez más. Y
volvería a errar. Una y mil veces. Hasta hartarme de ti. Hasta que
tu olor se convierta en el mío. Y convertirte en mi siamés. Pero no
es posible. Ahora eres inalcanzable. Una vez más. Y podría seguir
numerándote las maneras que tienes de volverme loca, de hacer que mi
razón caiga una vez más. Eres indescriptible.
Posdata: Vuélame, tú que sabes.
Posdata: Vuélame, tú que sabes.