viernes, 14 de septiembre de 2012

Ya verás.


No debí saber quién eras, no debí contar mis penas. Noviembre es siempre triste y tú viniste proponiendo guerras. Qué cosas se te ocurren, tú siempre tan concreta: y si volvemos a empezar, ¿qué tal? Yo sin saber dónde mirar…, y tú tan guapa.
Ya verás como me olvidas, y te encuentro en cualquier bar pegando saltos de alegría, y me dices que lo nuestro no era lo que merecías, seré cosas que se cuentan, vueltas de la vida.
Que yo te vi primero, sobraba lo demás y cuando menos debo te vuelves a cruzar, se cae el mundo al suelo, que tengo lo que tengo, debo lo que debo y quiero lo que quiero. Como si no hubiera pasado el tiempo y fuera ayer, voy a acercarme lento esta vez, yo ya sabiendo que te irás…, y tú tan guapa.
Ya verás como me olvidas, y te encuentro en cualquier bar pegando saltos de alegría,y me dices que lo nuestro no era lo que merecías, seré cosas que se cuentan, vueltas de la vida.

miércoles, 22 de agosto de 2012

Hoy tengo que escribirte.


Sé que no debería, pero te quiero. Te odio y te quiero. A la vez. Odio cuando ríes soltando el aire por la nariz, porque cada vez que otra persona lo hace me acuerdo de ti. Odio las noches porque me prometiste que pasarías una en mi cama. Odio mi lunar en la espalda porque es gemelo del tuyo. Odio los besos porque no puedo evitar pensar que sigues siendo tú. Odio al Sol porque no se extinguió. Odio la playa porque una vez me inundaste de arena. Odio que cierres los ojos cuando me acerco a tu cuello. Odio que aunque lo esté pasando mal me hagas reír. Odio que me digas que me quieres. Odio no poder enfadarme contigo. Odio tu olor porque lo encuentro en todas partes y suele quedarse impregnado en mí. Nadie me saluda como tú lo haces. Nadie fue capaz de incendiarme como lo haces tú. Nadie se lanzó conmigo hacia el Universo y volvió a caer unas horas después. Allí, en esa calle. Nadie se ha turnado conmigo para dormir. Nadie se fugó conmigo del tiempo. Nadie se pasó las noches hablando conmigo. Nadie me hizo sentir como tú lo hiciste. Nadie se confesó culpable de hacer que mi pena se muriera de risa. Y sí, te quiero. Te quiero por tu manera de reírte. Por las noches que pasaste incendiándome hasta que me temblaran las piernas. Por tu lunar en la espalda. Porque sólo tú conseguiste que tus besos llegaran más allá de los labios. Por hacer que no se extinguiera el Sol. Por hacer que la playa fuera nuestra. Por cerrar los ojos cuando juego con tu cuello. Por tejerme sonrisas a medida. Por seguir discutiendo conmigo por quien quiere más. Por no permitirme que me enfade contigo. Por tu olor, mi oxígeno. Porque ahora sólo puedo mirarte a ti a los ojos sin sentirme incómoda. Por conseguir que sigan llamándome Octubre. ¿De qué me sirve todo lo que pasó? ¿De qué sirve que siga pensando en ti? ¿Por qué te rendiste? ¿Por qué huiste? Se nos cayó el frasco. Pero sigue siendo demasiado duro verte como un recuerdo. Y no me ayudas. Vuelves algunas veces. Vuelves con las mismas cosas que hace un tiempo, y lo peor es que te sigue funcionando. Vuelve tu intensa mirada. Vuelve tu recuerdo. Vuelve el lugar. Vuelve el odio hacia tu lunar, tus labios, tu fuego y el Sol. El odio intoxicado y demacrado. Y llegará algún día que logre olvidarme de ti (qué mal miento). Lo intenté, pero no sé. No puedo soltarme de tu olor, de tu pelo, de tus ojos, de tu luz y de tu rareza. No hay más. Vacío. Porque te lo llevaste todo después de ese último error. Porque lloré después. Porque siempre sabré que fue el último. Y no hay más. Porque ahora evitaré tu mirada, para no sentirme impotente. Porque ahora nadie volverá a morderme los labios. Porque no volveré a una playa, ni a esa calle. Porque el silencio se apoderará de mi interior de nuevo, y volverá Soledad. Porque evitaré la madrugada del miércoles. Porque me cuesta querer a otro. No puedo. No sé. Y lo noto. Huelo. Que tu Sol sigue siendo mi luz, que tus palabras siguen siendo demasiado poderosas. Siguen sabiendo a ti. Sabes a ti. Conozco tu manera de mentir, y es la única que me encanta. Eres el único. Y no puedo evitarlo. Sigues siendo tú. Aunque duela. Me duele. Me dueles. Pero algún día, dije en mi extrema ingenuidad, volverás. No creo. No sé. No vuelves. Ya no. Te sigo viendo en cada farola, en cada risa, en cada rincón y en cada locura. Pero ya no importa. Ya no importo. Lárgate. Pero hazlo ya, porque no puedo pasar un segundo más contigo sin contener estas ganas que tengo de lanzarte al suelo e incendiarte una vez más. Y volvería a errar. Una y mil veces. Hasta hartarme de ti. Hasta que tu olor se convierta en el mío. Y convertirte en mi siamés. Pero no es posible. Ahora eres inalcanzable. Una vez más. Y podría seguir numerándote las maneras que tienes de volverme loca, de hacer que mi razón caiga una vez más. Eres indescriptible.

Posdata: Vuélame, tú que sabes.

martes, 7 de agosto de 2012

Por ti, ingravidez.


Dueles. Y lo peor es eso, que es presente. Tú y tu infinito engaño. Y llegas, y sé que aunque estás aquí, ya te estás yendo. Que eres efímero, efímero en mí. Pero mientras aprieto tu mano mi mundo va bien, y no consigo saber por qué. ¿Por qué sigues siendo el único al que puedo mirar a los ojos sin que me resulte incómodo? Hoy he repasado tus cartas, sumida en mi incoherencia, y he visto mentira, sólo mentira. Y me duele. Me duelen las letras, los pasos, las bocanadas de aire, los silencios y el Sol. Hace un tiempo era feliz. Pero no te engañes, no me haces falta; es simple: cuando no sé de ti me falta el aire. Por eso cuando vuelves me inflo de ti. Y cierto, me llenas. Pero no, eres inalcanzable, y lo sé. Eres lejanía. Pero pongamos que vuelves un día, y suena tu móvil. Y es ella. Pongamos que la apartas y me acercas a mí. Pongamos que por ese momento eres mío. Y que puedo amarrar tu excitación y tu dulzura a la vez, y que por fin escuchas los gritos que llevan siglos saliendo de mi garganta. Y entonces sueño y sueñas. Y por un momento, subrealidad. Y se detiene el tiempo en esa película que se proyecta entre tus labios y los míos, cuando queda poco espacio. Y por un descuido nos rozamos. Cambia la bobina. Un momento de silencio y quietud. Y vuelve nuestra película. Y sigues ahí. Y pongamos que ahora no sólo nos rozamos, sino que nos pegamos. Y me vuelves a raptar el labio inferior entre los tuyos. Y por un momento pongamos que no piensas en irte, que estás en mí. Y de pronto... se acaba la película, y vuelves a ser efímero de nuevo. Pero ¿sabes?, en tu terquedad encuentro mi forma de vida. En las veces en que te obcecas en volver e irte de nuevo encuentro mi aire. Mi aire y mi muerte. Porque lo que te da la vida también tiene el poder de quitártela. Y tú eres eso, lo que me va dando dosis de vida y veneno. En pequeñas cantidades. Y sí, te amo, lo confieso. Y la razón número 45 es el lugar en el que me diste el último beso.

No es que muera de amor, muero de ti.


Muero de ti, amor, de amor de ti,
de urgencia mía de mi piel de ti,
de mi alma de ti y de mi boca
y del insoportable que yo soy sin ti.

Muero de ti y de mí, muero de ambos,
de nosotros, de ese,
desgarrado, partido,
me muero, te muero, lo morimos.

Morimos en mi cuarto en que estoy solo,
en mi cama en que faltas,
en la calle donde mi brazo va vacío,
en el cine y los parques, los tranvías,
los lugares donde mi hombro acostumbra tu cabeza
y mi mano tu mano
y todo yo te sé como yo mismo.

Morimos en el sitio que le he prestado al aire
para que estés fuera de mí,
y en el lugar en que el aire se acaba
cuando te echo mi piel encima
y nos conocemos en nosotros, separados del mundo,
dichosa, penetrada, y cierto, interminable.

Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
entre los dos, ahora, separados,
del uno al otro, diariamente,
cayéndonos en múltiples estatuas,
en gestos que no vemos,
en nuestras manos que nos necesitan.

Nos morimos, amor, muero en tu vientre
que no muerdo ni beso,
en tus muslos dulcísimos y vivos,
en tu carne sin fin, muero de máscaras,
de triángulos obscuros e incesantes.
Muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,
de nuestra muerte, amor, muero, morimos.
En el pozo de amor a todas horas,
inconsolable, a gritos,
dentro de mí, quiero decir, te llamo,
te llaman los que nacen, los que vienen
de atrás, de ti, los que a ti llegan.
Nos morimos, amor, y nada hacemos
sino morirnos más, hora tras hora,
y escribirnos y hablarnos y morirnos.

martes, 19 de junio de 2012

Lo sé.


Sé que peco de ingenua, que confío demasiado pronto en la gente, pero por fin, después de tropecientosmil palos, me he dado cuenta de que no merece la pena luchar por lo que tarde o temprano se va a ir y he empezado a luchar por lo que realmente importa: TÚ. Ya no me importa el resto, la gente, ¿qué más da que piensen lo que quieran pensar? Sigue siendo mi vida, y sigo haciendo con ella lo que me parece mejor para mi bien. ¿Y si para mi bien te necesito a ti? ¿Por qué tengo que perder yo siempre? ¿Por qué no se dan cuenta de que así no van a llegar a ningún lado? Que sí, que ya sé que les parece demasiado divertido hablar a las espaldas y que los rumores lleguen hasta donde les alcance la lengua, pero aún así... ¿Por qué no se dan cuenta del daño que hacen?
Esta vez no quiero ser yo quien pierda, más que nada porque si pierdo yo esta vez no me podré volver a levantar.

Nada...


todo mi significado es eso, NADA. ¿Qué es NADA? NADA es todo mi “yo”, todo lo que escondo y lo que saco a la luz, todo lo que me eleva o me aplasta contra el suelo, todo lo que viví, todo lo que sentí y experimenté, todo lo que vive dentro de mí, el aire que respiro, la luz, la paz, la espiral que me embucla, lo que me hipnotiza...

NADA es TODO. Y quiero que siga siendo así.

viernes, 25 de mayo de 2012

Atrévete...


a mandarme otra mirada así, larga, intensa, y te hago volar, pero sin elevarte.

lunes, 23 de abril de 2012

Turnedo.



Desde aquí, desde mi casa, veo la playa vacía, ya lo estaba hace unos días, ahora está llena de lluvia y tú ahí sigues sin paraguas, sin tu ropa, paseando, como una tarde de julio, pero con frío y tronando. ¿Se puede saber qué esperas? ¿que te mire y que te seque? ¿que te vea y que me quede tomando la Luna juntos? La Luna, tú y yo expectantes a que pase algún cometa o baje un platillo volante. Y la playa llora y llora y desde mi casa grito que aunque pienso en abrazarte, que aunque pienso en ir contigo, el doctor me recomienda que no me quite mi abrigo, que no esté ya más contigo, y yo no puedo negarme, pues el tipo soy yo mismo, estudié mientras dormías, y aún repaso las lecciones, una a una, cada día. Yo no puedo aconsejarte, ya es muy duro lo que llevo, dejemos que corra el aire y digámonos adiós, aunque siga suspirando por algo que no era cierto, me lo dicen en los bares: ‘es algo que llevas dentro’, que no dejas que te quieran, solo quieres que te abracen, y publicas que no tuve ni el valor para quedarme. Yo rompí todas tus fotos, tú no dejas de llamarme, ¿quién no tiene valor para marcharse? ¿quién no tiene valor para marcharse? ¿quién no tiene el valor para marcharse? ¿quién prefiere quedarse y aguantar? Marcharse y aguantar.

La marea.



La marea me dejó arenas de plata, que pondré en el reloj del tiempo que no pasa. La marea me dejó islas inundadas, donde atrapar con mi red una historia de piratas. La marea me dejó la piel cuarteada, la miel en los labios, las piernas enterradas. La marea me dejó la piel cuarteada, la miel en los labios, las piernas enterradas. La marea me dejó palomas de un barco, algas tejidas en forma de desengaño. La marea me dejó unas conchas sin nombre, con que el niño hace un collar de un alfabeto que no entiende el hombre. La marea me dejó la piel cuarteada, la miel en los labios, las piernas enterradas. La marea me dejó la piel cuarteada, la miel en los labios, las piernas enterradas. La marea me dejó cangrejos alados, burbujas de hielo y un libro en blanco. La marea me dejó los versos borrados, la tinta, un borrón, un papel mojado. La marea me dejó la piel cuarteada, la miel en los labios, las piernas enterradas. La marea me dejó la piel cuarteada, la miel en los labios, las piernas enterradas. 

Promesas que no valen nada.



Prometo no mandar más cartas y no pasar por aquí, prometo no llamarte más y no inventar ni mentir, prometo no seguir viviendo así, prometo no pensar en ti, prometo dedicarme solamente a mí. Prometo que a partir de ahora lucharé por cambiar, prometo que no me verás, que no voy a molestar. Sabes que lo digo de verdad, que no voy a fallarte en nada, que tengo mucha fuerza de voluntad, que no fallaré en nada. Prometo no seguir así, prometo que no voy a pensar en ti, prometo dedicarme solamente a mí. Y el aire que me sobre alrededor, el tiempo que se quede en nada, nunca más escucharé tu voz, energía nunca liberada. Promesas que se perderán en estas cuatro paredes, como lágrimas en la lluvia se irán. Supe que no tengo sueño y no puedo descansar. Invento más de mil palabras y busco una verdad, intento que suenen de forma genial, intento que no digan nada. Nada siempre es toda la verdad, nada significa nada. Y rompo las promesas que me hice a mí, prometo pensar en ti, ahora prometo sólo pensar en ti. Y hago que suenen de forma genial, prometo que no dicen nada. Nada siempre es toda la verdad, nada significa nada. Palabras que no dicen nada en estas cuatro paredes. Promesas que no valen nada, nada, nada, nada. Y el aire que me sobre alrededor, el tiempo que se quede en nada, nada. Nunca más escucharé tu voz, energía nunca liberada. Promesas que se perderán en estas cuatro paredes, como lágrimas en la lluvia se irán. Se irán. Como lágrimas en la lluvia, se irán. Se irán, se perderán, se irán, se perderán, se irán, se perderán, se irán, se perderán, se irán, se perderán, como lágrimas en la lluvia. 

Haghe.



Estoy seca. Tu ausencia me produce, me producía desolación, me acosaba, me agobiaba... creo que eres, perdón, fuiste (sigue siendo difícil verte del pasado) lo más parecido a la vida. Ahora es duro verte como una pérdida, como algo que no volverá, y no sólo porque no quiera yo, que también, sino porque no quieres tú, porque te marchaste sin mirar atrás, sin tambalear, desapareciste sin decir nada... excepto mentiras, claro está. ¿Qué pretendes que piense? ¿Cuántas palabras pretendes que crea? Tú, que en algún tiempo te obstinabas en seducirme con palabras raras, con lenguaje extraño, y ahora... ahora ni siquiera eres capaz de hablar seriamente conmigo... Ahora tú vives con tu felicidad, y yo... yo sin ti. Sin nadie. Pero tampoco quiero que vuelvas. Tú no. Siempre decías que cumples tus promesas, que “una promesa es una promesa”... aunque quizás en eso también mentías... me mentías a mí, a todas, a Ella... Me rendí. No tengo nada que decirle, a Ella no, porque sé que no me hará caso... Será como yo, otra inocente. Tú y tu segunda piel... todo lo encantador de ti, todo lo que marca, lo que se tatúa. ¿Nunca perdiste el control? Por ejemplo, cuando te describieron como “c****n manipulador que no le importa nada salvo conseguir lo que quiere, y cuando lo consigue ya no lo quiere o lo desprecia” ¿te descubrieron ahí?

Tus ganas de volar, volar libre... siempre fuiste libre, un libre que a veces necesita calor de mujer... ¿qué quieres de Ella? (sólo calor) ¿Qué querías de mí? ¿Por qué tanto dolor? ¡Mentira! No me lo creo. No la amas. No es tuya. Las personas no pertenecen, se aman. No la quieres, igual que no me quisiste a mí. Y ahora te atreverás a discrepar, a callarme. Entonces explícame: si tanto quieres, si tanto amas, ¿por qué te vas dejando tan solo destrucción? ¿Por qué tanto dolor?
¿Y mis multas? ¿Y mis pérdidas? ¿Acaso te importo yo? ¿Acaso te importa lo que pierden las personas a las que dejas inertes, sin vida? ¿Te importa lo que rompes, lo que destrozas, las ilusiones quebradas? ¿Piensas alguna vez en lo que haces, en lo que eres? Respóndete. Búscate primero y luego búscala a Ella. Pero a la Ella de verdad, no a la falsa. Conócete primero a ti, para poder conocerla a Ella. 

Raro...


Es raro porque tú mismo haces que sea raro… que mis confusiones vayan a más, que no sepa ni lo que quiero… ¿cómo voy a aclarar mi cabeza si estás tú ahí desmoronándolo todo, si vienes arrasando con todos mis principios, con todo lo que tenía tan claro…? Llegas con tus susurros que logran trepar por los altos muros de mi razón, con tus palabras raras, con tu forma de hacerme reír a carcajadas (no sé cómo lo haces, pero siempre logras que sea en el momento menos oportuno), con esa cara que pones cuando algo no te convence… y no sé cuándo ni por qué, pero entraste por una de las grietas de mi ya demasiado remendado corazón, y por lo que veo, pretendes quedarte.

Mi miedo aumenta, por todo el daño que hubo, por querer proteger demasiado mi corazón fusilado, pero de pronto ahí estás tú con tu manera extraña de ver el mundo, y ahora ya no sé si lo que siento es miedo o paz… si es cierto eso que expresas con tus ojos, o simplemente es una visión, si eres cierto, tú, con todo eso que explicas en tan solo una mirada, o simplemente soy yo que necesito que sea así.

¿Por qué? Porque podría comerme el mundo si a cambio me dejaras contar tus lunares, porque establecería nuevos horarios para poder observarte mientras duermes, haría que la Luna se quedara ahí para siempre, para que no te tuvieras que despegar de mi cama, porque iluminaría tus pasos si algún día te pierdes, porque pararía el tiempo si tú me lo pides, porque susurraría a voz en grito que tú y solo tú eres lo que quiero, lo que necesito.



Si sólo encuentras una razón para alejarte… ven, y explícame que no me quieres, dímelo al oído, para que tus susurros trepen por mi razón, por lo menos una vez más.

jueves, 15 de marzo de 2012

lunes, 27 de febrero de 2012

Haghe.


Sharph bha ikegu. Chesph bha gon duss u'thmo rhanso. Bham'esti… Nadephwgh un… Oiroph ithi dah? Kiróphåy brek!

Poco antes de las diez...


Antes de que se apaguen las farolas en la calle, en pleno invierno, antes de que el Sol inunde la habitación, te despiertas y me observas… mientras duermo.

Observas mi paz, mi serenidad, mi sueño… y te cuelas en él.

No dejo de preguntarme qué pensarás. 

Tú, que te hiciste un mapa con mis lunares, que no olvidas la primera mirada que cruzamos, que te sabes de memoria mis cicatrices, que creaste cada pliegue de mi piel, que eres espectador de mi vida, que encontraste tu lugar en el color de mis ojos, que lo único que anhelas es que llegue la mañana para verme amanecer, que te obstinas en parar el viento si me molesta, que te aprendiste cada uno de mis miedos, que te acuerdas de mi pasado y cuidas de mi futuro. Tú, que eres todo lo que necesito. La razón por la que amanezco.



TÚ. Y eso nunca me da miedo.
Te amo. Más que a nada. Por encima de todo.

Tengo que decirte algo... No me interrumpas:


Nunca pienso lo que digo, digo lo que pienso. Nunca me gustó la oscuridad, en cambio no puedo dormir con luz. Nunca hago lo mismo que la gente, prefiero ir al revés, aunque sea más difícil. Nunca me gustó demasiado hablar cuando estoy con mucha gente, pero no me callo ni debajo del agua. Nunca vuelvo a donde empecé, voy a donde todo acaba. Nunca dejo de lado mi optimismo, pero suelo encontrar mi lado pesimista. Nunca paso por las puertas, las ventanas me parecen más apetecibles. Nunca acabo lo que empiezo, prefiero terminar lo que aún no acabó. Nunca cuento mis sentimientos, los recito. Nunca abandono el miedo, pero sin embargo, no tengo miedo a llorar. Nunca sé lo que quiero, pero estoy segura de que te quiero a ti. Nunca aguanté la superficialidad. Nunca supe cómo hacerle frente a mi razón, acabo haciéndole caso cada vez que me habla. Nunca dejo de querer tener la última palabra. Nunca combino la ropa con las estaciones, la combino con mi humor. Nunca echo de menos a alguien, sino que muero cada vez que se alejan de mí. Nunca me gusta quedarme callada, pero adoro el silencio. Nunca duermo sin música. Nunca me baño si voy a la playa, prefiero observar las olas. Nunca supe cuáles son tus defectos, en cambio, me sé de memoria las últimas palabras que me dijiste. Nunca me gustó perder el tiempo, prefiero venderlo o regalarlo para que quede menos para estar contigo.
¿Sabes? Ya no digo ‘siempre’ por miedo a que se convierta en un rato, como me acaba pasando cada vez que pronuncio esas siete letras. 
Pero esta solo es una pequeña parte de mí, te la doy. Cuídala.

Ya sé que está mal romper las ventanas de un bloque...


Pero tenía que decirte que quiero arriesgarme a conocer todo lo que escondes, a compartir contigo el futuro, que quiero planear una nueva vida. Nuestra vida. 

Y no me da miedo cambiar mi futuro, si eres tú quien lo cambia. TÚ y sólo tú. 

Venga, cariño, deslízate por mi alma, que quiero rozar tu dejadez.

No llores más por mí. No me necesitas.


Todo para ti es o blanco o negro, ¿por qué no puedes ver los demás colores? No puedo seguir así…

Hemos jugado tantas veces a ser niños de nuevo que nos hemos olvidado de volver al presente. Niños, con nuestras pataletas y nuestros caprichos. 

No queda nada ya que hacer, hemos gastado hasta el último sentimiento que nos debíamos. Ahora no podemos seguir, no deberíamos seguir… 

Pero… ¡qué demonios! Es nuestra historia, gastémosla hasta que no queden ni las migas. Comámonos el mundo entero. Saciémonos de experiencias. 

Vamos, cariño, invéntate una razón, una excusa para continuar con todo esto y te seguiré hasta que no quede tierra bajo nuestros pies.





Venga, amor, cállame con uno de esos besos, que aún me quedan dudas.

Todos duermen ya...


No queda nadie en la calle. Me asomo a la ventana. No hay ruido. Tú duermes… tan calmado, tan sereno. 

No nos queda mucho tiempo, se nos extinguen los segundos, cada vez más rápido. Sé que pronto se acabarán las miradas, los besos, la complicidad… pero realmente es lo que siempre quisiste… siempre fuiste libre, siempre fuiste un alma solitaria. Ligero. Efímero.

En la primera sacudida de Cronos no pasó nada, pero al segundo asalto… lo perdimos todo, se esfumó. De pronto miré a la cama y tú ya no estabas… ahora estaba sola en esa fría habitación y no podía hacer nada… Cronos se había vuelto contra mí. 






Ya no queda nada. No queda NADA.

BDC. Gracias.


Escribiré la infelicidad de ser feliz,
la tinta se extinguirá en la punta de esta pluma,
escribiré y escribiré hasta hartarme de ti
y que tu recuerdo sea tan sólo una duda.
Ves tus recuerdos ubicados en la ventana,
mirando hacia la luna comienza la locura,
y una endeble brisa se hace "todo" entre la "nada",
al golpear contra el cristal pequeñas gotas de lluvia.
Una mente ausente se enciende en un accidente,
entre llantos inocentes muerte se contenta,
escucha los lamentos de este pobre ser imberbe,
se sumerge en una hipocresía, pena eterna.
Una fuente de sentidos emana sentimientos,
sentimientos que huyeron de mí hace años, o antaño,
porque el tiempo sí es efímero, aquí en el infierno,
donde los segundos son lentos y los siglos rápidos.
Busco la manera de convertirme en humano,
vagando por un valle que rebosa detalles,
esto es algo nuevo para mí, más bien extraño,
pensamiento que sólo una persona sabe.
En efecto, esa persona era ella, pequeña,
sólo ella conoce mis secretos más profundos,
una mirada suya es capaz de dejar huella,
en un alma que vaga en un paraje taciturno.
¿Por qué será que sólo brillo en la oscuridad?
Puede ser porque lo que más brilla es inerte,
¿por qué será que cada día la quiero más?
Ah, será que mi mente miente, como siempre.



Echar de menos significa que…



la distancia no puede con los sentimientos.

Búscame cuando te apetezca, cuando notes que me echas de menos, cuando te mueras de ganas de tenerme. Búscame cuando no tengas a nadie que te diga que te quiere. Búscame cuando eches en falta las risas, las caricias que erizan la piel, las conversaciones sin rumbo, los abrazos en los malos momentos y las locuras. Búscame cuando necesites alguien que te sorprenda, cuando te des cuenta de que nadie tiene esos detalles. Búscame cuando necesites que te digan lo especial que eres, lo bonita que es tu sonrisa, lo bien que lo haces y lo guapo que estas cuando te concentras. Búscame cuando mires el móvil esperando una llamada que ya no llega, cuando salgas y sin darte cuenta me busques con la mirada entre la gente, cuando inesperadamente alguien te toque la espalda y al girarte esperes que sea yo. Búscame cuando necesites cerillas para encender lo que se ha apagado, cuando mis ojos ya no te pidan guerra, cuando las discusiones sean aburridas y los días rutinarios. Búscame cuando las canciones carezcan de significado. Búscame cuando recuerdes los buenos momentos y te arrepientas de no tenerlos ahora. Búscame cuando tu ego necesite que le supliquen desesperadamente cariño, pero sobre todo cuando quieras suplicarlo tú.

Lucía.

martes, 7 de febrero de 2012

A veces me encuentro siendo esa torpe niña de antaño, y me asusto…


pero me corrijo.
Sé que hay muchas cosas que tengo que cambiar de mi misma, que soy la primera que falla en este relato, que mis historias ya cansan, que no encuentro nada más que ingravidez… pero no soy yo quien se dedica a cortar las alas al mundo, aunque eso no lo veis… Sé que no soy el prototipo de mujer perfecta, pero.. ¿acaso alguien lo es, en este sistema de burros? Aquí la gente no para de adorar su propio ombligo, y yo ya estoy cansada de tantos fachas, de tanta superficialidad. 

Esta atmósfera me cansa. Ya voy harta de tanta falsedad, de tanto ‘si no eres guapo, no triunfas’, aunque es ley de vida, ¿no? Debería acostumbrarme, diréis. Pues yo os digo que no me da la gana, no pienso asumir, esta vez no. Llevo mucho tiempo asumiendo, y ahora no me apetece hacerlo más. Pero no hace falta que sigáis evitando mi compañía, ya me voy yo. Mejor sola que mal acompañada, dicen. Y esas miradas por encima del hombro, esos cuchicheos… ya me di cuenta de lo que pasa, no os preocupéis, no hace falta que finjáis más, no os caigo bien, mundo, no pasa nada, vosotros a mí tampoco.

Tomo la palabra para dejar claro que me da igual lo que penséis, sinceramente, que ya no me importa ni me afecta, no pienso ser como antaño, esa niña tímida y torpe que agachaba la cabeza y sentía un puñal en el corazón cuando le gritaban: ‘¡FEA!’. A partir de ahora, cada vez que alguien vomite en mi cara un cúmulo de letras semejante, gritaré: ‘¡GRACIAS!’ y seguiré mi camino, con la cabeza bien alta. 

Porque sí. Porque me apetece. 

(Y ahora buscadme y hundidme en la miseria, que eso también me lo he buscado, ¿NO?)

Ya no…



Ya no vale, tus excusas son tan numerosas que ya no las puedo ni contar. Tanto mentir no puede ser bueno… Dices que crees en el karma, pero te comportas de una manera tan cruel, que pareces masoquista. Yo así no puedo, ¿para qué me enseñas a amarte si sabías que tendría que aprender yo sola a olvidarte? Que no, que no puede ser, ¿qué has hecho con el infinito?, lo has convertido en un rato. Esto tenía que ser tu ‘para siempre’ y mi ‘siempre se queda corto’, pero parece que te niegas a cumplir las promesas que dijiste que jamás dejarías de lado. ¿Para qué prometes lo que sabes que no vas a cumplir? ¿De qué sirvió hacer tanto daño? ¿Te sientes mejor así? 

Destrozaste algo que nunca tendría que haber sido creado, para ser sinceros. Ahora todo lo siento del pasado. Antes los besos, las caricias, el reloj que avanzaba tan rápido en una noche fría, antes palabras bonitas y algún regalo. Todo lejano. Pero ¿de qué sirve todo si es mentira? Ya te lo digo yo: DE NADA. 

Y es que no entiendo tu forma de mirar el mundo, tu mundo, ese que inventas… tú, que saliste corriendo del nuestro, el que tú mismo formaste… ¿cómo te voy a creer ahora? ¿cómo se supone que me tengo que tomar este tiempo? Ya lo sé, sólo fui un rato, fui un alto en el camino, nada más que una parada en la que bajaste sólo para descansar. Lo que no sabes es que duele ser nada más que eso. No. No lo digas. No quiero escucharlo de tu voz, ya me llegó con tus hechos. Me quedó claro.

Mi locura al querer quererte… olvidé las multas, los reproches que me tirarían a la cara, por ti, y me lo pagaste yéndote de mi vida por tu propio pie y sin siquiera tambalear. Sin mirar atrás.

Lo sé. Sé que no leerás ni una de estas líneas, pero déjame que te diga una cosa: gracias a ti aprendí a ver el mundo de otra manera, desde el cielo, y se ve todo mejor desde aquí. 

Pero ya da igual que te diga lo que cambiaste en mi vida, tú seguirás siendo el Rey de tu País de Ciegos.