Ya
no vale, tus excusas son tan numerosas que ya no las puedo ni contar.
Tanto mentir no puede ser bueno… Dices que crees en el karma, pero
te comportas de una manera tan cruel, que pareces masoquista. Yo así
no puedo, ¿para qué me enseñas a amarte si sabías que tendría
que aprender yo sola a olvidarte? Que no, que no puede ser, ¿qué
has hecho con el infinito?, lo has convertido en un rato. Esto tenía
que ser tu ‘para siempre’ y mi ‘siempre se queda corto’, pero
parece que te niegas a cumplir las promesas que dijiste que jamás
dejarías de lado. ¿Para qué prometes lo que sabes que no vas a
cumplir? ¿De qué sirvió hacer tanto daño? ¿Te sientes mejor
así?
Destrozaste
algo que nunca tendría que haber sido creado, para ser sinceros.
Ahora todo lo siento del pasado. Antes los besos, las caricias, el
reloj que avanzaba tan rápido en una noche fría, antes palabras
bonitas y algún regalo. Todo lejano. Pero ¿de qué sirve todo si es
mentira? Ya te lo digo yo: DE NADA.
Y es
que no entiendo tu forma de mirar el mundo, tu mundo, ese que
inventas… tú, que saliste corriendo del nuestro, el que tú mismo
formaste… ¿cómo te voy a creer ahora? ¿cómo se supone que me
tengo que tomar este tiempo? Ya lo sé, sólo fui un rato, fui un
alto en el camino, nada más que una parada en la que bajaste sólo
para descansar. Lo que no sabes es que duele ser nada más que eso.
No. No lo digas. No quiero escucharlo de tu voz, ya me llegó con tus
hechos. Me quedó claro.
Mi
locura al querer quererte… olvidé las multas, los reproches que me
tirarían a la cara, por ti, y me lo pagaste yéndote de mi vida por
tu propio pie y sin siquiera tambalear. Sin mirar atrás.
Lo sé.
Sé que no leerás ni una de estas líneas, pero déjame que te diga
una cosa: gracias a ti aprendí a ver el mundo de otra manera, desde
el cielo, y se ve todo mejor desde aquí.
Pero ya
da igual que te diga lo que cambiaste en mi vida, tú seguirás
siendo el Rey de tu País de Ciegos.
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