martes, 7 de febrero de 2012

Ya no…



Ya no vale, tus excusas son tan numerosas que ya no las puedo ni contar. Tanto mentir no puede ser bueno… Dices que crees en el karma, pero te comportas de una manera tan cruel, que pareces masoquista. Yo así no puedo, ¿para qué me enseñas a amarte si sabías que tendría que aprender yo sola a olvidarte? Que no, que no puede ser, ¿qué has hecho con el infinito?, lo has convertido en un rato. Esto tenía que ser tu ‘para siempre’ y mi ‘siempre se queda corto’, pero parece que te niegas a cumplir las promesas que dijiste que jamás dejarías de lado. ¿Para qué prometes lo que sabes que no vas a cumplir? ¿De qué sirvió hacer tanto daño? ¿Te sientes mejor así? 

Destrozaste algo que nunca tendría que haber sido creado, para ser sinceros. Ahora todo lo siento del pasado. Antes los besos, las caricias, el reloj que avanzaba tan rápido en una noche fría, antes palabras bonitas y algún regalo. Todo lejano. Pero ¿de qué sirve todo si es mentira? Ya te lo digo yo: DE NADA. 

Y es que no entiendo tu forma de mirar el mundo, tu mundo, ese que inventas… tú, que saliste corriendo del nuestro, el que tú mismo formaste… ¿cómo te voy a creer ahora? ¿cómo se supone que me tengo que tomar este tiempo? Ya lo sé, sólo fui un rato, fui un alto en el camino, nada más que una parada en la que bajaste sólo para descansar. Lo que no sabes es que duele ser nada más que eso. No. No lo digas. No quiero escucharlo de tu voz, ya me llegó con tus hechos. Me quedó claro.

Mi locura al querer quererte… olvidé las multas, los reproches que me tirarían a la cara, por ti, y me lo pagaste yéndote de mi vida por tu propio pie y sin siquiera tambalear. Sin mirar atrás.

Lo sé. Sé que no leerás ni una de estas líneas, pero déjame que te diga una cosa: gracias a ti aprendí a ver el mundo de otra manera, desde el cielo, y se ve todo mejor desde aquí. 

Pero ya da igual que te diga lo que cambiaste en mi vida, tú seguirás siendo el Rey de tu País de Ciegos.

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