Antes de que se apaguen las farolas en la calle, en pleno invierno, antes de que el Sol inunde la habitación, te despiertas y me observas… mientras duermo.
Observas
mi paz, mi serenidad, mi sueño… y te cuelas en él.
No dejo
de preguntarme qué pensarás.
Tú,
que te hiciste un mapa con mis lunares, que no olvidas la primera
mirada que cruzamos, que te sabes de memoria mis cicatrices, que
creaste cada pliegue de mi piel, que eres espectador de mi vida, que
encontraste tu lugar en el color de mis ojos, que lo único que
anhelas es que llegue la mañana para verme amanecer, que te obstinas
en parar el viento si me molesta, que te aprendiste cada uno de mis
miedos, que te acuerdas de mi pasado y cuidas de mi futuro. Tú, que
eres todo lo que necesito. La razón por la que amanezco.
TÚ. Y
eso nunca me da miedo.
Te amo.
Más que a nada. Por encima de todo.
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