Eras
tanto y a la vez tan poco. Aún me pregunto por qué se me dio por
seguir tus juegos, dejar que jugaras con mis labios (y con mi
corazón, de paso), dejar que me movieras a tu antojo. Porque, para
qué negarlo, eras marea para mí, y yo era un velero sin timón. Y
aún sigo escribiéndote a ti. Sólo a ti. Aunque no quiera, cuando
me pongo frente al ordenador, sólo me sale el dolor que tú me
causaste. Por un momento creí olvidarte, creí que podría cambiar
tu recuerdo, que podría dejar de pensar en nuestros buenos momentos,
que podría dejar de echarte de menos, pero no. Sigues latiendo en
mí. Por mucho que no quiera, que no quieras, que el mundo no quiera,
que mi corazón no quiera, que tu novia no quiera, seguirás siendo
continuo, seguirás siendo latido. Seguirás siendo tú.
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